Editorial: Es lo que hay
Marco Rubio pone como ejemplo para Venezuela la
transición democrática española
FANB reconoce a Delcy Rodríguez como su comandante en
jefe. Comité editorial de la
CEIBA
Cierto es que fue una
sorpresa la alianza se siguió a la extracción de Maduro. Mucho suponían que el
trabajo que seguía lo harían quienes en buena lid ganaron las elecciones
presidenciales. Pero no fue así, siguió una suerte perestroika de realismo
mágico y confusa glasnot. Se impuso la realidad, real porque el
protagonismo de los cambios que siguieron a la extracción presidencial los
puede hacer, en el corto plazo, quien
tiene poder para hacerlo y voluntad de cambio para la apertura democrática conveniente a sus
intereses se supervivencia política. A esta altura cabe preguntarse: ¿Quién está en capacidad de
producir una reforma de la Ley de Hidrocarburos que despeje los obstáculos de
la Economía Chevron en peno desarrollo?, ¿Quién tiene las herramientas
para evitar el caos que suele seguir a las intervenciones quirúrgicas?, ¿Quién tiene
el camino más largo y de contactos más fructíferos con el interventor?, ¿Quién tiene las armas?, ¿Quién atiende el teléfono en Miraflores? O
muchas más que desagradan al oposicionismo ultra sensible, pero que sus respuestas más razonables en la
práctica abonan, están abonando, la
transición de base electoral que parece ser el camino a seguir , aunque sea
culebrero. Eso sí, si no se forma la sampablera
golpista con la que sueñan los extremos del espectro político nacional, que impida una transición a la transición a la
Española, que no sea como la Rusa.
De la educación en esta coyuntura vale la pena resaltar que
hay indicios serios, tal cual lo venimos afirmando, de que la alta burocracia conocía de las
conspiraciones que llevaron a la abrupta salida de la pareja presidencial, y
que poco hicieron para evitarla, o impedirla, como hizo la fuerza armada y el
paramilitarismo que Chavez fundó. Los ministros de la educación, más el de
Educación Básica se escondieron y esconden en las carencias pedagógicas de los
dos subsistemas, pero solo en el lado luminoso
del asunto, esto es el mejoramiento necesario de lo que hace falta para
el mejoramiento cualitativo de los resultados pedagógicos, con lo cual todos
estamos de acuerdo. Lo que no está mal pues sería intento de una reversión del
colapso que supone la emergencia humanitaria compleja y duradera que vivimos,
pero lamentablemente no es así, pues no se atacan dos factores que impiden el
progreso sustantivo de la calidad de la educación: 1 Una gobernanza educativa
centrada en el hacer de la educación mecanismo de dominación social, de cara a
la posibilidad de gobernar el país eternamente, lo cual aísla, margina, la educación nacional de las corrientes de
progreso mundial que se producen en este siglo XXI. 2 La desconsiderada indiferencia ante la
desalarización y miseración impuesta desde el ejecutivo al trabajo en
educación, que los gremios y sindicatos han denunciado con humana
perseverancia. Es que se ha gobernado y todavía no se visualizan acciones
efectivas, de peso, más allá de las
promesas del imperio interventor en nuestros asuntos respecto a que el
nuevo ingreso propiciado por la economía Chevron sea para mejorar y
racionalizar el ingreso de los trabajadores. Hay muchas más observaciones que
hacer, pero dejémoslo así pues vendrán más ocasiones contar con fiera volundad de verdad, lo que
debe hacerse para la transición educativa que viene, que se muestra a ritmo
lento pero sostenido, pese a su
acontecer a veces ingrato y los palos en la rueda de la bicicleta histórica en
la que están montados los protagonistas de la transición a la transición.
Contenido del Nº 100
Editorial: Es lo
que hay 1
El país que
tenemos
La educación tal
como va
Memoria y cuenta
presidencial a la AN 2026/IA Google 3
Menos discurso y
más atención al sistema educativo/Stalin González/TalCual 4
Controversial
movimiento del Arzobispado de Caracas a propósito del caso de Rafael Tudares 4
Movimiento
estudiantil de la UCAB cuestionó el rol del Arzobispado de Caracas en caso de
Rafael Tudares. 4
Resarcir el daño
laboral/Willian Anseume/Fran Tovar 5
Cultura Pedagógica
El ministro de
policía se ocupa del reinicio de clases 5
La presidente
encargada en la UCV/GOOGLE con la entrada: Delcy en la UCV 5
Cultura Pedagógica
Mundo
Selección de
textos correspondientes a la
segunda quincena de enero 2026 del Boletín del Observatorio Instituto para el Futuro de la
Educación. Tecnológico de Monterrey. observatorio@itesm.mx. Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio IFE Cortesía de Jacobo Abadí. 6
Materiales para
una transición a la democracia
¿Estamos o vamos
hacia una transición política en Venezuela?/John Magdaleno G 6
¿Se puede
reconstruir un sistema educativo demolido con saña?/El Nacional/Cortesía de
Daniel Navas 7
La universidad
hundida en la fatiga de la autonomía/ Antonio José Monagas 12
EL PAPEL DE LA
FANB EN LA TRANSICIÓN/por Trino Márquz 13
El país que tenemos
Marco Rubio
pone como ejemplo para Venezuela la transición democrática española
FANB
reconoce a Delcy Rodríguez como su comandante en jefe. La CEIBA
Trump
diseña un plan B pa
ra Venezuela: un consejo tecnocrático si Delcy cae
Chevron
despliega su mayor flota en casi un año para exportar crudo venezol
ano. La CEIBA
Excarcelan
a 104 presos políticos
Embajador
de Rusia afirmó que Maduro fue traicionado por su entorno La CEIBA
"Tenemos
un gran aliado en el presidente Trump": María Corina
Consejo
Editorial. La CEIBA
ene 25
-El Pitazo.
Delcy Rodríguez anuncia el ingreso de 300 millones de dólares a Venezuela por
venta petrolera.
María
Corina: Sepan que contamos con Trump para la liberación de Venezuela
EEUU dice
que Miraflores ha cumplido todas las exigencias de su Gobierno
Consejo
Editorial La CEIBA
Trump
saluda gesto “maravilloso” de Machado, que le entregó su medalla del Nobel.
(Foto: María Corina Machado y el presidente Donald Trump en el salón Oval de la
Casa Blanca)
-The New
York Times: Machado sale de la Casa Blanca y dice que Venezuela puede contar
con Trump.
-Efecto
Cocuyo. Delcy Rodríguez lleva memoria y cuenta a la AN: Tenemos la preservación
del poder nacional, que nadie se equivoque.
-Reuters:
Repsol, ENI y Maurel & Prom solicitaron licencias en EEUU para exportar
petróleo venezolano.
Delcy
Rodríguez se reúne con director de la CIA
Machado
asegura que presidenta encargada cumple órdenes y que habrá transición
ordenada. La CEIBA
Delcy
Rodríguez en la mira de la DEA
EEUU habló
con Cabello antes de atacar a Maduro
Consejo
Editorial La CEIBA
El Comité
de Acreedores de Venezuela comenzó a escuchar propuestas esta semana de varios
asesores, entre ellos Houlihan Lokey y Ankura Consulting Group LLC. El grupo
podría tomar una decisión tan pronto como la próxima semana.
La mayor diáspora de venezolanos del mundo fuera de
América vive en España. Muchos celebraron la captura de Nicolás Maduro y ahora
se adaptan a la idea de que los aliados del régimen siguen a cargo.
Las calles de Salamanca, un barrio de Madrid conocido
como “Little Caracas” porque lo frecuenta la diáspora rica de Venezuela. El
Nacional
La educación tal como va
Memoria y cuenta presidencial a la AN 2026/IA Google
Poco o nada de educación
este año a menos nada se ha registrado en la información detectada.
Contexto
de la "Memoria y Cuenta" actual (Enero 2026):
Presentación:
Fue realizada por Delcy Rodríguez (vicepresidenta encargada) ante la AN, en
representación de Nicolás Maduro.
Periodo
Rendido: Corresponde a la gestión del año fiscal 2025.
¿Qué es
la Memoria y Cuenta en general?
Puntos
Relevantes de la Presentación de Rodríguez (2026):
Se
presentaron cifras y "logros" de la gestión de Maduro, destacando la
"resistencia" de Venezuela.
Anuncios
sobre mejoras salariales, servicios básicos y protección social.
Enfoque
en la reforma constitucional y el diálogo nacional.
Se
planteó la discusión de una nueva ley de hidrocarburos.
IA Google: con la entrada: Memoria y cuenta a la AN 2026 Realizada el 20-01-2026
Menos discurso y más atención al sistema educativo/Stalin
González/TalCual
El
pasado 15 de enero se conmemoró en Venezuela el Día del Maestro, una fecha que
debería servir para honrar una de las profesiones más nobles y determinantes
para el futuro de cualquier nación.
La situación política es sumamente compleja, en especial después del 3 de enero. No obstante, no podemos dejar de lado uno de los sectores más golpeados por la crisis nacional. Un sector descuidado por décadas.
Stalin
González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
TalCual
no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este
artículo.
Opinión TalCual|enero 18, 2026 X: @stalin_gonzalez
Controversial movimiento del Arzobispado
de Caracas a propósito del caso de Rafael Tudares
-Monitoreamos. Edmundo González: «El vicio ‘jurídico’
en el caso de Rafael Tudares exige respuestas inmediatas».21-01-2026
Puntos
clave de la controversia (Enero 2026)
Las
respuestas de la IA pueden contener errores. Más información:
Rafael
Tudares - Wikipedia, la enciclopedia libre
La
polémica antes de la liberación de Rafael Tudares, el yerno de ...
AlbertoNews
- Periodismo sin censura
ARZOBISPO
NEGÓ EXTORSIÓN POR RAFAEL TUDARES ...
Resarcir el daño laboral/Willian Anseume/Fran Tovar
Aunque
esta situación atañe más a la administración pública, tiene directa incidencia
en la empresa privada que ha gozado en buena medida los beneficios de la
implementación inhumana de la explotación laboral y la esclavitud moderna de
todos estos años. Un líder empresarial, por mal ejemplo, representante ante la
OIT, para más señas, ha insistido en la eliminación de las Prestaciones
Sociales, desconociendo así la legislación labor al en cuanto a intangibilidad y progresividad de los
derechos. Éstas, establecidas como están, por el contrario, deben mantenerse y
ajustarse, contemplando el daño causado, de modo que cumplan su función
protectora. Y si se tocan es solo con el propósito de mejorarlas.
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Cultura Pedagógica
El ministro de policía se ocupa del reinicio de clases
|
Diosdado Cabello confirmó en su show televisivo del pasado miércoles la fecha
del reinicio de clases escolares en Venezuela, donde las fuerzas militares de
Estados Unidos llevaron a cabo la «Operación Resolución Absoluta» para capturar
a Nicolás Maduro por órdenes de Donald Trump.
Según
Cabello, «Venezuela completa está en la calle contándole al mundo lo que está
pasando».
la_patilla
https://www.instagram.com/p/DTQMtobjXFA/?igsh=a2VwejBiMWVwdGww #8Ene🍉
La presidente encargada en la UCV/GOOGLE
con la entrada: Delcy en la UCV
Presidenta encargada de la República Delcy
Rodríguez, realizó un recorrido por las instalaciones recién restauradas en la
Universidad Central ...
Estudiantes encaran a Delcy Rodríguez para exigir la libertad
de laos presos políticos
https://cnnespanol.cnn.com · hace 1 día
La verdad sobre el recorrido a la UCV por parte
de la Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy
Rodríguez # ...
— La presidenta (E) Delcy Rodríguez supervisa la
restauración de la UCV y se reúne con trabajadores y estudiantes. Por Johanna
Carvajal · 28 de ...
Cultura Pedagógica Mundo
Selección
de textos correspondientes a la
segunda quincena de febrero del Boletín del Observatorio Instituto para el Futuro de la
Educación. Tecnológico de Monterrey. observatorio@itesm.mx. Karina Fuerte
Editora en jefe, Observatorio IFE Cortesía de Jacobo Abadí.
Opinión | La
inteligencia artificial es el espíritu de la humanidad Andrés García Barrios
Hoy en día se lee y escribe más que nunca (aunque no sean
necesariamente libros). La escritura y la lectura siguen siendo una gran
oportunidad para conectar con otro espíritu.
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Cuando los ‘hobbies’ dejan de ser refugio y se
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los algoritmos y la productividad han convertido los pasatiempos en una
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¿Qué vas a hacer cuando seas grande? Yadira
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Elegir una carrera universitaria es uno de los retos más
decisivos que enfrentan los jóvenes. Una mala elección podría significar
malestar o insatisfacción entre la obligación laboral y la falta de entrega a
dicha profesión. Conoce algunas herramientas de apoyo para la orientación
vocacional y consejos prácticos al momento de elegir una carrera.
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Materiales para una transición a
la democracia
¿Estamos o vamos hacia una transición política en
Venezuela?/John Magdaleno G
(…) Por ello se insiste académicamente en que, para
hablar de una transición a secas -sin intentar identificar la dirección de la
transición-, debe producirse un cambio de las reglas de juego, no sólo de los
actores. Si concentramos la mirada en las implicaciones de esta definición,
podemos inferir que a la fecha no ha habido un
cambio de las reglas de juego formales sino, más bien, un
cambio de la orientación de ciertas decisiones del gobierno
venezolano, particularmente de la política exterior con
el gobierno norteamericano, de la política económica y del
tratamiento de alrededor de 400 presos políticos, que
están empezando a ser liberados. Pero veamos el contexto en que ello tuvo
lugar, del modo más descriptivo y fidedigno posible: el 3 de enero se produjo una
intervención militar extranjera en la forma de una operación de extracción,
cuyo efecto inmediato fue un reemplazo en el vértice de la estructura de poder
del régimen político venezolano, mediante el establecimiento de un tutelaje
externo. Se entiende, por tanto, que en virtud del precedente que sienta la
intervención y de las amenazas
ulteriores formuladas por el gobierno de los Estados
Unidos de América al resto de la coalición dominante venezolana, el margen de
maniobra de esta última es más reducido. De allí que, por lo pronto, el
gobierno venezolano esté forzado a satisfacer las exigencias de la
administración norteamericana. No hay garantía del resultado
(…) Una transición puede iniciarse con un decidido
impulso democratizador o redemocratizador de parte de algunos
actores y culminar, a la postre, en un régimen
no-democrático -sea autoritario o autocrático, sultanístico o totalitario. A la
luz de la experiencia comparada, no es infrecuente que fuerzas y líderes
políticos que se pronuncian públicamente a favor de la democracia terminen
estimulando y llevando a cabo directamente prácticas antidemocráticas. Desde
luego, es previsible que la tutela norteamericana influya notablemente en la
naturaleza y ritmo de los cambios, pero desde ya hay que interrogarse con seriedad
sobre los escenarios que podrían desarrollarse en el país tan pronto la
influencia norteamericana disminuya o cese. Por los
momentos, dado que desde la Asamblea Nacional se ha anunciado el inicio de una
amplia reforma legislativa, que intuyo podría tomar algunos meses, habrá que
estudiar con sumo detalle el contenido de las normas resultantes para concluir
tentativamente si estaría iniciándose o no un cambio de las reglas de juego.
¿Cuándo se inicia una transición a la democracia?
En tercer lugar, es imprescindible responder con
criterios técnicos la pregunta de ¿cuándo se inicia una transición a la
democracia? O’Donnell y Schmitter propusieron un
criterio, que parafraseo y resumo del siguiente modo: una
transición a la democracia se inicia cuando los
principales decisores del régimen autoritario deciden, por la razón que
fuera, reconocer y restituir las garantías previamente
violadas. Y estas garantías no son otras, para empezar, que una
serie de libertades civiles esenciales. Sobre este
particular, conviene recordar las señales identificadas por el recientemente
fallecido profesor Leonardo (…)
Jon Magdaleno Recibido por correo e. de Fran
Tovar el 20-01-2026
¿Se puede reconstruir un sistema
educativo demolido con saña?/El Nacional/Cortesía de Daniel Navas
La
reconstrucción de educación en Venezuela no ocurrirá en una generación. El país
lleva más de medio siglo debilitando su sistema educativo y más de una década
demoliéndolo activamente.
A finales
de la década del año 2000, cuando las misiones educativas se habían instalado
como un sistema paralelo aparecieron las primeras señales de la transformación
de la educación en un dispositivo de legitimación política. No sería más un
proyecto de formación ciudadana.
El sistema tradicional aún funcionaba, pero bajo
condiciones cada vez más restrictivas. El sistema paralelo, en cambio, crecía
con recursos y visibilidad mediática, pero sin exigencias académicas ni rigor
académico. Las
universidades autónomas no solo tenían menos presupuesto y aulas deterioradas,
sino que también habían dejado de ser interlocutores: no participaban en la
definición de políticas educativas, no eran consultadas en reformas
estructurales y sus diagnósticos (cuando existían) quedaban fuera del circuito
real de decisiones.
En una escuela del estado Portuguesa, la directora acudió
un lunes para asignar la carga docente, pero encontró que solo contaba con dos
de los diez maestros de la plantilla. Los demás habían renunciado. Unos se
habían ido a Colombia; otros trabajaban en bodegas o como asistentes en
comercios. La directora preguntó a la zona educativa cómo debía proceder.
“Ajuste como pueda; más adelante veremos si le mandamos un contingente de
jóvenes de la misión”, fue la respuesta. No llegó nadie.
La directora envió un acta informando que la escuela solo
podía operar en tres de sus seis grados. Tampoco nadie respondió ni hubo
seguimiento, ni apoyo. Un cierre parcial de hecho que se repitió cientos de
veces en todo el país sin que el sistema reaccionara.
Ausencia de docentes se ubica en 40% para el nuevo año
escolar en Venezuela
Una niña camina hacia su escuela el segundo día del nuevo
año escolar en Caracas, el 1 de octubre de 2024. Foto: Federico Parra / AFP
Títulos sin conocimientos
La desaparición progresiva del docente formado coincidió
con la expansión de programas acelerados sin los requisitos académicos de
rigor. Una misión Ribas en Aragua entregó el título de bachiller a un grupo de
jóvenes que recibieron clases por algunas pocas semanas de guías adultos con la
primaria inconclusa, jóvenes sin estudios formales y militantes que
participaban por activismo. No se medía el aprendizaje sino la asistencia. El
conocimiento no era el objetivo, sino certificado.
Mientras, en un liceo cercano, la profesora de Matemática
intentaba explicar el teorema de Newton en un salón sin luz y con pupitres
insuficientes. Una parte del país simulaba educar; otra intentaba sostener un
modelo sin contar con los requerimientos mínimos.
El Estado
multiplicó estructuras paralelas que funcionaban como mecanismos de inclusión
política, nunca como estructuras pedagógicas.
Después de un apagón prolongado, en 2012, un profesor
de la Universidad del Zulia abrió el laboratorio de química inorgánica que
había pasado dos décadas construyendo. Encontró que los reactores de
polimerización habían colapsado y los equipos de medición estaban
inutilizables. Los estudiantes intentaron limpiar, pero no había con qué
hacerlo. Llevaban meses sin recibir insumos oficiales.
El profesor escribió un informe sobre la gravedad del
daño. No obtuvo respuesta. Al año siguiente emigró. Sin embargo, en la página
web de la facultad sigue apareciendo su nombre como coordinador del área,
aunque ya no está en el país. La institución, incapaz de reponerlo, lo mantiene
como una especie de ficción administrativa.
Bachilleres vacíos de conocimiento
En 2015, el sistema educativo formal era una estructura
sin capacidad de renovación. El presupuesto no alcanzaba para cubrir servicios
básicos. La
formación docente estaba colapsada. Las universidades no podían reponer su planta profesoral.
Los estudiantes llegaban con vacíos enormes y la simulación educativa era la
dinámica cotidiana.
La
Universidad de Oriente es uno de los episodios más ilustrativos y simbólicos de
la demolición educativa. No fue deterioro
administrativo ni falta de presupuesto. Hubo destrucción deliberada, violencia
intencionada, impunidad y ruptura total entre Estado y universidad.
Lo ocurrido en 2019 dejó claro que el deterioro no lo
generaba la negligencia ni la crisis económica, sino un proceso de
desarticulación de instituciones. Lo que ocurrió en el campus de Cumaná fue la
expresión más visible de un patrón: grupos armados actuando con impunidad,
instituciones desprovistas de protección estatal y una comunidad académica
reducida a la condición de ocupante sin derechos.
Los
colectivos bolivarianos ocuparon el campus de UDO-Cumaná para destruir una institución que intentaba funcionar.
Aulas, laboratorios y oficinas fueron saqueados. El mobiliario desapareció. Los equipos se
vendieron en las calles cercanas. Los archivos administrativos fueron
destruidos y la biblioteca central, resultado de décadas de trabajo silencioso,
fue reducida a cenizas.
Ardieron colecciones de referencia, tesis que sostenían
la memoria intelectual de la región, los archivos de investigación en ciencias
del mar, ingeniería y educación, y todos los textos que se habían acumulado
desde los años sesenta, muchos donados por profesores pioneros.
Un profesor de la Escuela de Ingeniería —que vivía a
pocas cuadras del campus— contó que, al oír los gritos, salió de su casa y vio
el humo elevarse desde el edificio central. Corrió hasta el portón, pero no
pudo entrar. Grupos armados evitaban el acceso. Nadie pudo intervenir. Nadie
con autoridad sobre estos grupos llegó a impedirlo ni nadie fue detenido.
El campus
quedó en ruinas. Donde había aulas, hay estructuras vacías,
paredes marcadas por incendios y restos de mobiliario abandonados entre monte y
maleza. La universidad no podía operar, no podía proteger a sus trabajadores ni
garantizar seguridad mínima a sus estudiantes, profesores y personal
administrativo.
Cumaná siguió su vida, pero el espacio universitario —el
conocimiento— quedó reducido a escombros. El efecto simbólico fue devastador.
El Estado no tenía interés en proteger la universidad. La violencia de los
colectivos bolivarianos podía borrar en días lo que había tardado décadas en
construirse. La formación quedaba reducida a una formalidad sin sustancia.
La
Universidad de Oriente cayó como consecuencia de la pérdida de autoridad
institucional, de la politización de la gestión educativa, del retiro del
Estado como garante de seguridad, de la normalización de la violencia en
espacios públicos, de la reducción de la universidad a una estructura sin
recursos ni capacidad de defensa.
No existía voluntad institucional de proteger su infraestructura intelectual.
La violencia encontró un espacio desprotegido y lo ocupó.
Era el inicio de una etapa superior del derrumbe: la
desaparición física de instituciones educativas. Quedó claro que no se trataba
de una crisis educativa, sino una desarticulación civilizatoria. El derrumbe
dejó de ser un proceso burocrático o ideológico y se convirtió en demolición
irreversible. El conocimiento, literalmente, fue reducido a cenizas, a daño
antropológico.
La
simulación educativa como sistema
La simulación se convirtió de facto en política
educativa. En una escuela de Caracas, ante la falta de alumnos, a una maestra
se le indicó “trabajar con el plan de atención” que consistía en entregar guías
impresas y recibir trabajos escritos, incluso cuando los alumnos no asistían.
Con ese mecanismo, el sistema podía reportar actividad sin que hubiera aula,
sin que hubiera interacción, sin que hubiera aprendizaje. Las zonas educativas
no exigían evidencias de contenido, sino de cumplimiento administrativo.
Repartir guías.
En algunos liceos, los profesores debían llenar planillas
donde se declaraba el desarrollo de los objetivos del trimestre, aunque no se
hubiese impartido ninguna clase presencial. La evaluación dejó de medir
conocimiento; medía la mera existencia del documento. En ese contexto, la
educación no era una práctica: era papel. Cuento.
La universidad siguió un camino similar. Ante la caída de
la matrícula y la falta de profesores, optaron por reorganizar la oferta
académica sin reconocer que la capacidad real había desaparecido. Se ofrecían
materias sin docente asignado. Se otorgaban equivalencias automáticas para
evitar reprobar a cohortes enteras. Se ajustaban horarios sin relación con la
disponibilidad real de aulas o laboratorios. La educación funcionaba sobre un
espejismo, sobre la ilusión de que aún existía el sistema educativo.
En una universidad pública del occidente del país, un
grupo de estudiantes de primer semestre de Ingeniería inscribió cuatro materias
obligatorias. Cuando llegó la semana de parciales, ninguna había tenido más de
dos clases efectivas. El profesor de Física vivía en otro estado y no podía
trasladarse por falta de gasolina. La profesora de Cálculo había renunciado. El
aula de Laboratorio de Computación estaba inoperativa por un robo. El docente
que debía impartir Expresión Gráfica asistía solo algunas semanas.
Al final del semestre, la institución reportó “avance
satisfactorio” porque se habían entregado los programas y se había administrado
una evaluación diseñada para no reprobar.
El apagón
científico
La ciencia venezolana también colapsó, pero de una manera
más dolorosa: por evaporación. La investigación básica requiere continuidad,
equipo humano, tiempo, financiamiento y libertad intelectual. A partir de 2010
esos elementos fueron desapareciendo.
Los equipos de investigadores que en los años ochenta y
noventa habían producido trabajos relevantes en biomedicina, geología,
oceanografía, ingeniería y ciencias sociales empezaron a disolverse por falta
de condiciones. Los laboratorios perdieron reactivos, instrumentos,
refrigeradores, controladores de temperatura, medidores, bibliografía. La
energía eléctrica se volvió intermitente. Los permisos para importar materiales
se convirtieron en trámites punitivos. Muchos equipos quedaban inservibles
después de un apagón y no había posibilidad de reponerlos.
En la Universidad de Los Andes, un investigador guardó
durante años un microscopio óptico que había sido fundamental para sus estudios
de morfología vegetal. Temía que lo robaran y lo guardó en espera de tiempos
mejores. Cuando lo revisó en 2021, la humedad lo había destruido. El metal
estaba corroído, las lentes manchadas, las piezas inmóviles. No fue un acto de
violencia, sino la destrucción del abandono.
Las publicaciones académicas disminuyeron drásticamente.
Las revistas universitarias dejaron de circular. Los congresos se cancelaron.
La comunidad científica venezolana —que había sido respetada en Latinoamérica—
se fragmentó en miles de trayectorias individuales en el exterior. Lo que
alguna vez fue un sistema, ahora era una masa de investigadores dispersos.
Lo que queda del sistema educativo venezolano es una
estructura fragmentada, sin continuidad interna, sin capacidad de formación y
sin la red de sostenimiento que durante décadas permitió que un niño ingresara
a primer grado, avanzara por la escuela, llegara al liceo, ingresara a la
universidad y encontrara un lugar donde aprender a pensar.
Una secuencia simple que Venezuela ser perdió sin
rituales, sin anuncios formales, sin un acto público que reconociera la
magnitud del daño. Perdió el corazón de la sociedad porque cada una de las
piezas que lo mantenían unido fue debilitada para que se rompiera del todo.
El país dejó de transmitir conocimiento de persona a
persona; como se transmite un oficio, de generación a generación dentro de un
sistema que mantiene memoria y propósito. Sin ese puente, la educación deja de
ser un proyecto público y se convierte en un conjunto de esfuerzos aislados,
sostenidos por personas que resisten más por ética que por condiciones reales.
Cuando se han perdido las escuelas, los docentes, los
laboratorios, la formación ciudadana, la continuidad académica, la carrera
profesoral, la evaluación como herramienta de calidad y la confianza social en
la educación como camino de movilidad, es muy difícil reconstruir el sistema
educativo que se institucionalizó en Venezuela desde 1938 con la creación del
Instituto Pedagógico de Caracas.
sistema educativo
La
reconstrucción del sistema educativo
No se trata de restaurar lo que había, que ya era
insuficiente, sino de levantar un sistema de educación pública en un país sin
maestros suficientes, estudiantes suficientes, instituciones en funcionamiento,
cultura escolar estable y sin un consenso nacional sobre el objetivo y fin de
la educación.
La reconstrucción de educación no ocurrirá en una
generación. El país lleva más de medio siglo debilitando su sistema educativo y
más de una década demoliéndolo activamente. Lo que queda son fragmentos:
algunos maestros que se resisten a abandonar el aula, algunas pocas escuelas
mantenidas por comunidades, algunas universidades que conservan un núcleo de
rigor, algunos investigadores que trabajan desde el exterior y mantienen
vínculos con el país, algunas familias que insisten en sostener la educación de
sus hijos, aunque el sistema no acompañe.
El punto de partida no es un “retorno” a una escuela
perfecta que nunca existió. Venezuela tuvo momentos de calidad relativa, de
alto prestigio docente y universitario, pero incluso en sus mejores años hubo
desigualdades, discontinuidades, exceso de sindicalismo y falta de
planificación.
La educación no se reconstruye con edificios ni con
decretos. Se reconstruye con personas. Y el país perdió una parte importante de
la población que hacía posible el sistema: maestros que migraron o cambiaron de
oficio, profesores universitarios que se dispersaron por el mundo, técnicos que
dejaron los laboratorios, investigadores que no tienen país académico al cual
regresar.
Pueblo
obediente o ciudadanos deliberantes
Una base humana capaz de sostener un sistema educativo se
construye con tiempo, formación, prestigio, remuneración y propósito. La
cultura escolar –esa que no aparece en los manuales, pero se transmite en cada
recreo y en cada aula– se evaporó. Si se rompe su tejido de prácticas, reglas,
tradiciones, horarios, expectativas, los estudiantes dejan de saber qué
significa asistir, estudiar, entregar un trabajo, respetar una evaluación. Los
maestros dejan de saber qué significa planificar, corregir, acompañar. Los
directores dejan de saber qué significa dirigir.
La reconstrucción no puede empezar por la universidad,
aunque la universidad sea el lugar donde con más claridad se advierten las
pérdidas. Debe empezar por la escuela que forma el lector, el razonador, el
futuro profesional y también el futuro ciudadano.
Los países que han reconstruido sistemas educativos
después de rupturas profundas –guerras, transiciones políticas, colapsos
económicos– han empezado recuperando la figura del maestro. Sin maestros no hay
escuela ni país. Allí se enseña, o se dejaba enseñar, el hábito de la
convivencia, de la responsabilidad, del esfuerzo sostenido. Sin ese hábito, la
universidad recibe jóvenes con fallas que son consecuencia de un sistema no de
incapacidades o carencias personales.
En Venezuela, hay que recuperar el oficio de maestro, y
ese proceso puede tomar diez o quince años. Es lento y exige continuidad,
estabilidad y un proyecto claro. Salarios dignos y un entorno donde el maestro
vuelva a sentirse parte de un compromiso republicano.
Reconstruir
la universidad venezolana es recuperar un ecosistema intelectual. Una comunidad de profesores, estudiantes,
investigadores, técnicos, bajo normas claras y una tradición de pensamiento.
Algo más complejo que recursos. No basta con “reabrir” laboratorios o
“actualizar” planes de estudio. Implica, sobre todo, reconstruir la cadena de
valor del conocimiento: investigación continua, docencia rigurosa, evaluación
transparente, vínculos internacionales, movilidad académica, reglas claras de
ingreso y ascenso profesoral. Restituir la autoridad pedagógica.
Hoy, en muchos lugares, la escuela funciona sin normas
claras, sin horarios estables, sin estructura académica, sin acompañamiento
técnico. Recuperar esa autoridad no es imponer rigidez, sino recuperar
coherencia. Que el aula vuelva a ser un espacio donde la enseñanza tiene
sentido; el estudiante vuelva a comprender que la escuela no es un trámite,
sino un lugar donde ocurre algo importante; la familia entienda que la
educación no puede funcionar sin su participación; y el Estado admita que no
tiene sustituto para la escuela, que no basta un video o una guía multigrafiada
La educación debe volver a ser un proyecto nacional, no
una herramienta circunstancial. No es un proyecto de corto plazo. Tomará
décadas y exige autonomía, financiamiento, competencia y meritocracia. No basta
con repartir libros, entregar computadoras, pintar escuelas o decretar la
educación prioridad nacional. Exige un consenso largo, sostenido, blindado
frente a cambios de gobierno y ciclos económicos.
La
educación puede reconstruirse y puede ser mejor si el ciudadano entiende que no
se trata de un adorno, ni un discurso, ni de un trámite administrativo, sino la
base de cualquier posibilidad de progreso económico, institucional y
democrático. Antes debe decidirse si se quiere una educación que inculque
obedecer o una educación que prepare para pensar y restituya el sentido de
ciudadanía.
La primera es barata, fácil de establecer y de controlar.
La segunda exige una sociedad dispuesta a convivir con la crítica, con la
diversidad y con instituciones fuertes. No es una opción académica, sino
política en el sentido más amplio. Determinará si Venezuela se reconstruye o
sigue administrando la decadencia. El país decidirá si quiere universidades que
repitan contenidos o universidades que produzcan conocimiento.
No se trata de enseñar civismo en abstracto ni de repetir
consignas, sino de construir la capacidad de convivir en un país plural, de
discutir sin destruir, de entender la ley como marco común, de comprender los
derechos y los deberes, de relacionar la vida pública con los quehaceres
cotidianos.
La demolición de la educación superior como fin político
La
universidad no colapsó de una sola manera. Algunas
fueron vaciadas; otras fueron empujadas a la irrelevancia; unas pocas
sobrevivieron porque lograron reducirse a su mínima expresión; las menos
funcionaron a medias manteniendo un núcleo académico mientras el resto se
desmoronaba. Todas, sin excepción, perdieron la continuidad que se necesita
para producir y transmitir conocimiento. Imaginar y crear.
La universidad debe ser el lugar donde se aprende a
argumentar, a investigar, a comparar, a dudar. Requieren libertad académica,
financiamiento estable, renovación docente, concursos públicos transparentes,
movilidad nacional e internacional, bibliotecas actualizadas, laboratorios
operativos, plataformas de investigación, vínculos con el sector productivo.
El desafío mayor es reponer el recurso humano. La
universidad perdió miles de profesores, no solo porque emigraron, sino porque
la carrera académica dejó de tener sentido material. Cuando un profesor con
doctorado gana menos que un trabajador informal, la docencia universitaria se
vuelve inviable.
Recuperar el salario universitario no es un premio, es un
requisito. Sin salario no hay carrera, pero no basta. Habrá también que
reconstruir el prestigio. Mucho antes de la crisis económica, la universidad
dejó de ser referencia y no influyó más en la vida pública. La universidad
también deberá replantear su relación con el Estado. Durante décadas fue
ambivalente, pero desde hace más de veinte años se volvió unilateral. El Estado
redujo los recursos, intervino procesos internos, bloqueó concursos, politizó
decisiones y la universidad dejó de producir investigación útil.
La
reconstrucción implica restaurar la autonomía como
condición para que la institución piense sin subordinación partidista. La
autonomía es la garantía de que el conocimiento puede corregir al poder cuando
es necesario.
La
universidad también deberá revisarse a sí misma. Su deterioro no solo vino de afuera. Hubo rigideces
internas, prácticas obsoletas, resistencia al cambio, burocracias que crecieron
estérilmente. Las instituciones deben ser capaces de actualizar sus métodos,
adaptar sus programas, modernizar su gestión y abrirse a nuevas dinámicas de
aprendizaje. No para imitar modelos, sino para recuperar eficiencia y sentido
académico.
Pero quizá el elemento más complejo de la reconstrucción
universitaria es la ruptura generacional. Hay jóvenes que nunca han visto un
laboratorio funcionando. Hay estudiantes que pasaron por el liceo sin haber
recibido clases de ciencias, literatura o historia de manera regular. Hay
universitarios que jamás han usado una biblioteca.
Esa brecha no se cierra con discursos. Requiere programas
intensivos, acompañamiento académico, docentes preparados para nivelar sin
renunciar al rigor. La universidad tendrá que convertirse, por un tiempo, en
una institución que enseña lo que antes se aprendía en el liceo. Y al mismo
tiempo avanzar, aunque sea lentamente, hasta recuperar la producción
científica. Todavía es posible.
La
universidad venezolana conserva algo que no destruyen incendios, presupuestos
vacíos ni la migración: la tradición intelectual. Aunque dispersa y
deteriorada, sigue viva y es el punto de partida. Sin idealizarla ni sobrecargarla, es el núcleo desde
donde podrá reactivarse la continuidad académica.
La universidad será la última parte del sistema educativo
que se recupere por la naturaleza misma de la institución. La escuela se
reconstruye en años; el liceo, en más tiempo; la universidad, en décadas.
Un camino largo y difícil, pero posible
La
reconstrucción educativa no es solo un proyecto técnico, sino un acto político,
social y cultural que definirá a Venezuela, si logra salir del ciclo de ruina
que ha vivido. No será de un día para otro. Hay que reconstruir
hábitos, expectativas, confianza, nociones básicas de lo que significa
aprender. Un trabajo largo, paciente y, sobre todo, invisible. Los resultados
se ven en generaciones
El sistema educativo es el hilo que conecta las
generaciones y permite que un niño se convierta en adulto capaz de sostener
instituciones, producir conocimiento, ejercer ciudadanía, crear empresas,
cuestionar al poder y comprender el mundo donde vive. En Venezuela ese hilo se
rompió. Reconstruirlo es un acto nacional y moral. La educación es el único
mecanismo que permite que un país se transforme sin violencia y sin dependencia
eterna de ciclos económicos.
La educación no produce efectos inmediatos. Construye
capacidades a lo largo del tiempo. Exige continuidad y acumulación y que las
decisiones de un gobierno no sean revertidas por el siguiente
No se podrá
reconstruir todo a la vez. Habrá que priorizar lo que produce los cambios
más profundos y exigirá corresponsabilidad y participación social: familias que
acompañen, comunidades que protejan, empresas que apoyen programas de formación
técnica, universidades que aporten conocimiento aplicado, gobiernos que provean
estabilidad.
La dimensión más difícil no se ve en las aulas ni en los
planes de estudio. La falta de recursos no fue lo único que debilitó la
educación venezolana, sino que el sentido público fue ocupado por lealtades
improvisadas, partidistas o clientelares.
Ahora hay que invertir donde no se ven resultados
inmediatos que mostrar, fortalecer instituciones antes que personas, proteger
la escuela del poder político, aceptar que la educación crítica es más valiosa
que la educación obediente, y renunciar a la tentación de usar la estructura
educativa como vehículo de propaganda o control.
La educación no es un sector del país; es la forma en que
ese país aprende a existir.
sistema educativo
Pensar sin
destruir, criticar sin negar la institución
La crisis educativa dejó escuelas vacías, liceos
debilitados y universidades en ruinas. También algo menos visible y más difícil
de reparar: una confusión profunda sobre qué significa pensar críticamente. Fue
entendido como negación sistemática de la institución, como sospecha permanente
de la profesionalización y como rechazo casi reflejo de las condiciones
materiales que hacen posible el conocimiento organizado. Tal confusión tuvo un
costo alto. Si la crítica se divorcia de la responsabilidad institucional,
termina debilitando lo que pretende transformar.
Venezuela no necesita menos pensamiento crítico. Necesita
uno distinto, que no se agote en la denuncia ni se satisfaga con la demolición
simbólica. Uno que sea capaz de sostener instituciones mientras las somete a
examen. Una distinción clave que rara vez se hace explícita.
Criticar no es destruir. Pensar no es negar la
materialidad. Cuestionar el sistema no implica negar las condiciones que
permiten operar dentro de él.
La
universidad moderna —en cualquier país, bajo cualquier modelo
económico— es una institución costosa, exigente y necesariamente imperfecta.
Requiere salarios profesionales, financiamiento estable, reglas claras,
evaluación, jerarquías académicas y autonomía. Nada de eso es ideológicamente
neutro, pero todo es funcional. Sin esas condiciones, no hay universidad
crítica ni universidad alternativa: hay vacío.
La experiencia venezolana lo demuestra con claridad. Al
negar esas bases en nombre de una crítica al capitalismo, se destruyó la
posibilidad misma de producir pensamiento crítico organizado.
El error no fue enseñar marxismo, ni cuestionar el
mercado, ni analizar la desigualdad. El error fue confundir crítica con
deslegitimación total, análisis con sospecha permanente, y emancipación con
precarización. Cuando esa confusión pasó del aula al gobierno, la educación
dejó de ser un espacio de pensamiento y se convirtió en un territorio de
disciplinamiento y supervivencia. La crítica perdió filo y perdió suelo.
El pensamiento crítico que Venezuela necesita ahora es
otro. Es un pensamiento institucionalmente responsable. Capaz de reconocer que
toda transformación duradera requiere sostener las estructuras mientras se las
reforma. Capaz de entender que el salario no es una concesión ideológica, sino
una condición material sin la cual no existe autonomía real; y de aceptar que
sin profesionales bien formados y bien pagados no hay crítica eficaz, sino
retórica.
Un sistema que paga salarios profesionales no está
“cediendo al capitalismo”; está creando las condiciones para exigir calidad,
continuidad y responsabilidad. Un Estado que invierte en educación no está
reproduciendo privilegios; está construyendo capacidad nacional. Y una
universidad que defiende su autonomía no está negando el cambio; está
protegiendo el espacio donde el cambio puede pensarse con rigor.
El desafío no será elegir entre obediencia y crítica,
sino superar esa falsa oposición. La educación venezolana no puede volver a ser
un aparato de obediencia automática, pero tampoco puede sobrevivir como una
máquina de negación permanente. Necesita formar ciudadanos capaces de
cuestionar el poder sin destruir las instituciones que permiten hacerlo;
profesionales capaces de criticar el sistema sin negar las reglas que sostienen
su propio trabajo; universidades capaces de pensar el país sin disolverse en la
ideología.
Ese equilibrio es difícil. Exige madurez intelectual y
responsabilidad política. Exige abandonar la comodidad del discurso que todo lo
niega y asumir la complejidad de construir mientras se critica. Pero no hay
alternativa. El colapso ya mostró el resultado del otro camino.
Por eso, la
reconstrucción educativa venezolana requiere no solo por dinero, ni solo por
autonomía y reformas legales. Debe reaprender a pensar la educación no como
trinchera sino como espacio de conflicto racional. No como campo de batalla
ideológico. El pensamiento crítico no se mide por su capacidad de destruir,
sino por su capacidad de hacer viable un país mientras lo interroga.
Si la educación vuelve a cumplir esa función, Venezuela
podrá reconstruirse. Si no, repetirá la misma contradicción bajo nuevos
nombres. Ese es el punto final —y el punto de partida.
Equipo de Investigación de El Nacional enero 16,
2026 5:00 am Actualizado 7:02 am Enviado
por correo e. de Daniel Navas el 17-01-2026
La universidad hundida en la fatiga de la autonomía/
Antonio José Monagas
Cualquier atropello al significado de autonomía
universitaria, viola el ideario deontológico que cimienta el terreno que
contiene el espigón que fija la asta de la bandera que honra la autonomía
académica.
Antonio José Monagas
Cualquier análisis que intente recorrer tan crítico y
reflexivo tema, sobrevenido en una situación-problema de delicada
consideración, plantea una seria dicotomía entre principios de libertad
académica y el acato sin mayores titubeos al poder político.
O sea, dicha dicotomía configura el terreno en el cual
descansa toda excusa que tienda a abatir la libertad académica radicada en
medio de un libre juego de acusaciones que irrumpen la ecuanimidad que
-teóricamente- pauta la autonomía universitaria en su concepto y praxis (…)
AJMonagas Recibido por coreeo e. el 15-01-2026
EL PAPEL DE LA FANB EN LA TRANSICIÓN/por Trino Márquz
Una de las razones fundamentales, para mí la más
importante, por las cuales la operación del 3 de enero contra Nicolás Maduro no
concluyó en la sustitución del régimen instalado en febrero de 1999, reside en
que la oposición representada por María Corina Machado y Edmundo González
Urrutia, a pesar de todos los intentos, no logró fracturar la Fuerza Armada
Nacional Bolivariana (FANB), de modo que un sector con poder le exigiera al
otro respetar la voluntad popular expresada con contundencia en las urnas electorales
el 28 de julio de 2024.
De esa cohesión, y de la existencia de más veinte
gobernadores oficialistas, tomó debida nota el pragmático gobierno de Donald
Trump, poco atento a hacer cumplir el mandato surgido de las urnas comiciales,
y más interesado en mostrarse frente a su base electoral como un firme guerrero
en la lucha contra el narcotráfico y los enemigos externos que comprometen la
seguridad de Estados Unidos.
Sin el apoyo de la FANB y la debilidad organizativa e
institucional de la oposición —según la visión norteamericana— resultaba poco
realista pensar que un gobierno constituido por la dupla González
Urrutia-Machado podría garantizar la estabilidad política, el funcionamiento de
las instituciones y la paz. La FANB fue percibido como el único factor capaz de
controlar los colectivos y demás grupos irregulares, que con seguridad —como ha
ocurrido— saldrían a aterrorizar a la población, sembrar el caos y hacer la
nación ingobernable.
@trinomarquezc Trino Márquez Especial para Ideas de Babel. 15/01/2026
Hasta la quincena entrante


